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La llegada al mundo de Gael

El 16 de octubre de 2011, estando ya de 38 semanas y 2 días empecé a tener las primeras contracciones por la mañana. Me encontraba ya bastante pesada, cansada, del peso que ya había alcanzado y un poco del miedo que entre todos los ginecólogos me habían un poco metido en el cuerpo.
Tenía claro esta vez que el parto de Gael iba a ser muy distinto del de Alejandro. O al menos, esa era mi esperanza. El parto de Alejandro fue un parto inducido, largo (como es de esperar, siendo primeriza), y bastante duro, terminando siendo instrumentado, con una gran episiotomía, no sintiendo que fuera un parto respetado ni humanizado, y teniendo una recuperación lenta y dolorosa debido sobre todo al dolor de la cicatriz, y lo duro que estaba siendo acostumbrarse a la nueva situación: la maternidad, y una lactancia que estaba siendo bastante dura, con grietas y dolores, debido al frenillo sublingual de Alejandro.
Así que tras mucho leer, en foros, webs, e incluso libros, quería que la llegada al mundo de Gael fuera respetada ante todo, y por lo menos poder luchar por un parto natural (no solo vaginal) que además de ser lo mejor para mi pequeño y para mí, poder resarcirme un poco de la herida de no haber podido yo sola con el parto de Alejandro, y por tanto tomamos la mejor decisión posible: elegir Acuario como lugar donde darle la bienvenida al mundo a Gael.
Ese día, por la mañana, fuimos al campo a visitar a mi padre (donde, cómo no, me preguntarían “para cuándo” y yo respondería “cuando Gael lo decida”). Luego nos fuimos a comer a un restaurante hindú y luego para casa a descansar. No recuerdo si llegué a dormir siesta, creo que no, pero al menos estuve cierto rato descansando en la cama.
A lo largo del día, Javi hizo alguna broma del tipo “anda ponte de parto, así mañana no voy a trabajar”, y me comentó que tenía un pálpito, cosa que yo descartaba.
El caso es que a la noche se intensificaron las contracciones, aunque no llegaban a ser del todo regulares (cada 5-6-7-8 minutos) y en vista que no conseguíamos dormir a Alejandro (se duerme normalmente en la teta, y claro, era ponermelo al pecho y darme más contracciones), dijimos “nos vamos para Acuario, que está a 1 hora, si no estamos de parto nos volvemos”.
Llegamos a Acuario sobre la 1 de la madrugada aproximadamente. Nos recibió una matrona encantadora, superdulce: María. Me puso monitores en acabar me propuso un tacto y nos dijo que iba para largo, que sólo estaba de 1 cm, con el cuello muy muy blandito pero también muy posterior, así que nos invitó a irnos a la habitación a descansar, para en la mañana ver si había cambiado algo. Me recomendó que intentara descansar entre contracciones y dormir todo lo que pudiera ya que no estaba en fase activa de parto, y podía demorarse bastante la cosa.
Por la mañana volvió a vernos, me preguntó si las contracciones habían cambiado. Le contesté que parecían más fuertes, pero venían igual de irregulares. Nos propuso irnos de la clinica, a dar una vuelta por el pueblo, para que no se contaran los 2 días que me incluyen en el precio del parto, y durante la charla, me vino una contracción y se ve que pensó que la cosa había cambiado algo, así que me propuso otro tacto: ya estaba de 4cm!!! Así que la cosa iba viento en popa! Pues nos hizo ya el ingreso, pedimos el desayuno, y nos quedamos en la habitación descansando y encajando contracciones a gatas sobre la cama o de pie apoyada en la cama, mientras pedía a Javi que me masajeara los riñones con dos pelotas de tenis. Mis contracciones eran de riñones, supongo que por la posición de Gael (posterior).
Alrededor de las 12-12:30, nos mandaron llamar para el paritorio, para volverme a poner monitores y ver la evolución. Sinceramente, creo que los monitores no estaban yendo muy bien, no parecía que estuvieran registrando las contracciones! La matrona (Cari, que había cambiado el turno ya) me hizo un tacto, luego llegó Enrique, el ginecólogo, también me hizo un tacto, y ¡solo estaba de 5cm! En casi 4 horas solo había dilatado 1 centímetro!! Os podéis imaginar qué frustración?!
Cari insistió mucho en que mi barriga estaba demasiado hacia abajo, y que por eso las contracciones no eran efectivas, y me recomendó que cuando llegara cada contracción, me cogiera la barriga con las manos y la levantara, para girar el cuerpo de Gael para que su cabeza apoyara delante, en vez de atrás, pero era imposible, cada vez que lo hacía, me moría de dolor!!
Ahí Enrique dijo algo que me bajó bastante la moral, aunque creo que eso benefició el proceso. Dijo que el parto se había parado, que no estaría de parto-parto de verdad hasta bien entrada la tarde, que los partos se activan a partir de las 8 de la noche. Os podéis imaginar qué mal cuerpo se me quedó, ¿verdad? Me volví a la habitación con la recomendación de intentar dormir entre contracciones, porque iba para “muy largo”.
Y ¿creéis que podía dormir? Las contracciones se iban haciendo más intensas, y muy muy dolorosas, no podía descansar entre contracciones, según javi eran cada 2-3 minutos, el dolor era muy intenso, me pasaba las contracciones gimiendo, llorando y repitiendo que no iba a poder, que no iba a aguantar. ¿Cómo iba a aguantar si tenía esas contracciones y el gine decía que hasta la noche no estaría de parto? Llegué a tener un ataque de ansiedad, justo después de una contracción.
A todo esto, debo decir que Alejandro estuvo casi todo el parto con nosotros, y justo en ese momento, él estaba en la habitación, viviendolo con nosotros, y la verdad, lo estaba llevando muy muy bien.
En vista que las contracciones eran tan seguidas, Javi mandó llamar a la matrona, y me dijeron que bajara para el paritorio. Creo que serían cerca de las 14h.
Alejandro entonces se quedó arriba en la salita de arriba, y se quedó a cargo de las enfermeras, qué soles. No teníamos ni a mi suegra, de crucero, ni a mis cuñados, trabajando, para cuidarle.
En el paritorio, Cari me hizo un tacto y me comentó que estaba de 8cm, pero con el cuello tan tan blandisimo que si ella movía un poco la cabeza del bebé, llegaría enseguida a completa.
Y así fue, estuvo un ratito hurgando, y al poco se rompió la bolsa, empapando a Cari. Al ratito, mandó llenar la bañera de partos, y me ofreció homeopatía, al preguntarme si yo tenía miedo, y verme en la cara un SI.
Me metí en la bañera, primero dando alguna vuelta a ver cómo me ponía. Intenté ponerme a gatas, pero no estaba cómoda, así que me quedé recostada. Cari me preguntaba si ya tenía ganas de “hacer caquita”. Yo no sé si contesté, pero a las pocas contracciones vinieron las ganas. Y con estas ganas, mi miedo.
No sé realmente a qué tenía miedo. No sé si al dolor, a desgarrarme, a que no bajara y el parto terminara en quirófano, pero repetí como 5 veces que no podía. No puedo, no puedo, no voy a poder!!! Continuamente. Y así me sentía.
Esa sensación duró unas cuantas contracciones, Gael iba poco a poco bajando. Yo iba empujando, entre gritos y gemidos, agarrada a la mano de Javi.
Enrique entró al paritorio, ahí yo le medio espeté “mira, el que decía que no me iba a poner de parto!!”. A medida que empujando empujando, Gael estaba ya en mi vagina, a Javi le ofrecían asomarse a verlo ir acercandose a la salida, a mi me decían que metiera el dedo para tocarle la cabecita, pero no podía. Pero no porque fuera imposible.
En una de las contracciones, llegué a quejarme de que “me quemaba”, pensando que eso sería el famoso aro de fuego, y Cari me decía que no, que eso era sólo escozor, que aún tenía que quemar más, y yo desanimada, claro, pero tenía razón.
Gael estaba a punto. Enrique empezó a tocarme la barriga con un dedo, para empujar un poco a Gael, y yo gritando que me hacía daño. Me llegó a preguntar “pero arriba o abajo?”, y yo “en los dos sitios, yo qué sé!!!!!!!!!!!” Y claro, el intentando explicarme que el daño de abajo era el niño!!!
Cuando ya estaba coronando, Enrique mandó llamar a las enfermeras para que bajaran a Alejandro y viera nacer a su esperado hermano. Javi y yo llorabamos de alegría. Y yo me deshacía en dar gracias a Cari y a Enrique.
Gael nació a las 15:51 del 17 de octubre, rodeado del amor y las lágrimas de felicidad de sus padres y su hermano.
Muchas gracias a María, Cari y Gemma, matronas, a Enrique, ginecólogo, a Ana, enfermera. A todos en la maternidad Acuario, por facilitarnos a esta familia, ya de cuatro, el camino para terminar encontrándonos.
A Alejandro, por portarse tan bien durante todo el tiempo. A Javi por apoyar en todo momento la elección de la clínica, por estar ahi, por sus masajes en los riñones, por cuidar de nosotros y por sostenerme en esos momentos.
Guardo muy buen recuerdo de este parto, dar a luz me hizo sentir PODEROSA, SALVAJE. Me he sentido capaz. Creo que este parto me ha devuelto en parte la confianza que no tenía por cómo salió todo en el parto de Alejandro. Ha sido un parto no solo natural, sino respetado, tanto las personas como el mismo proceso. Sin anestesia, sin sustancias externas para acelerar el proceso (oxitóccidos), sin instrumentación, sin cicatrices.
Estamos todos genial. No he necesitado ningún punto, a pesar que tanto Cari como Enrique dudaban ya que la episiotomía de cuando Alejandro fue muy grande y pensaban que podría desgarrar por el mismo sitio de la cicatriz, pero el poder dirigir yo misma los pujos, “cantando” en vez de en completa apnea, hizo que Gael fuera bajando de a poquitos, evitando todo desgarro.

Nada como un parto vaginal
En ocasiones me encuentro con comentarios de mujeres que prefieren tener cesáreas a tener un parto vaginal, aún sin tener ninguna complicación en el embarazo, e incluso siendo primíparas. Mujeres que si pudieran, firmarían ya mismo para que tal día a tal hora les hicieran una cesárea.
La verdad, poco me importa sus motivos. Supongo que alguno tendrán. Supongo que tiene mucho que ver con el miedo inculcado desde niñas con comentarios de lo duros que son los dolores, o que nos vendan todos los partos como duros, dolorosos y peligrosos (aquí voy a morderme la lengua y no hablaré del sistema sanitario como elemento peligroso durante el parto), les habrán contado barbaridades como prácticas rutinarias, partos inducidos, contracciones dolorosísimas, episiotomías, desgarros, etc. ¿Pero qué motivos puede tener una mujer para preferir que la duerman completamente (si, porque las hay que firmarían una anestesia total) a vivir una experiencia como la de dar a luz a tu hijo? ¿Tan desconectadas estamos de nuestro propio cuerpo y de nuestros hijos? ¿Tan poco instinto nos queda?
Me quedo con un comentario de una forera, Marta:
“¡No te abren y ya esta! No: te ponen anestesia, te abren y, para llegar al bebé, tocan organos tuyos, los intestinos, la bufeta de orina y demás. Te abren el útero, rompen la bolsa, sacan al bebé. Te sacan la placenta, el líquido, te limpian, te cosen, te vuelven a coser, y te vuelven a coser!! Todas las capas de músculo y piel que han cortado. Y después te espera un post operatorio, además de un post parto. No te puedes mover, duele la herida, duelen los puntos, estás agotada, has perdido mucha sangre ( entre 1 y 1’5 litros de media) y la recuperación es dura, cuesta andar, tenerte en pie, no te puedes doblar y lo más importante: has de cuidar un bebe en estas condiciones.”
Me apenan estos casos, dicen que dios da pan a quien no tiene dientes, pero no deja de ser entristecedor. Porque ya no sólo es el perjuicio de la salud de la madre. ¿Y el niño? ¿Dónde queda el niño? ¿Ni siquiera le dan la oportunidad de decidir cuándo está listo para salir del vientre de la madre? ¿Lo arrancamos así sin más y nos pensamos que no pasa nada?
Sí pasa. La cesárea tiene riesgos. Muchos. Para la madre, y para el niño. Hay lógicamente casos en que son estrictamente necesarias, pero un capricho, o una desconexion, no son necesidades.
1 commentTu Plan de Parto
Hoy quería hablaros un poco a las embarazadas, sobre el Plan de Parto.
El Plan de Parto es una manifestación de voluntad escrita, en el ejercicio del derecho de cualquier usuario a decidir libremente, a consentir o no consentir sobre las intervenciones médicas que se le propongan. Es por tanto una manifestación jurídicamente válida, basada en la Ley General de Sanidad y Ley Básica Reguladora de Derechos y Deberes en Materia de Información y Documentáción Clínica que los asistentes al parto han de respetar.
Es recomendable enviarlo al Servicio de Atención al Usuario del hospital por correo con acuse de recibo y conservar el justificante de recepción que nos entregue correos. Enviaremos tres copias: una para Atención al Usuario, otra para el Servicio de Ginecología y Obstetricia, y otra para el Servicio de Neonatología, ya que ambos servicios están implicados en los cuidados de la parturienta y el neonato.
Pediremos expresamente que el Plan de Parto se incorpore a nuestro historial y el día del parto llevaremos una copia por si fuera necesario entregarla a los asistentes.
Tened presente que muchos profesionales sanitarios desconocen la ley y los derechos de los usuarios, y algunos piensan que los protocolos son de obligado cumplimiento para los usuarios. En caso de duda, pedid siempre la hoja de consentimiento informado y aseguraos de que realmente informa de los riesgos, indicaciones y alternativas de cada intervención. Si no es así no firméis nada. La renuncia al tratamiento propuesto no significa que puedan daros el alta obligatoria cuando existan alternativas (casi siempre existen soluciones alternativas).
Un argumento muy común para conseguir que los usuarios se sometan a cualquier intervención propuesta es que el médico es “el responsable”. Esto es falso en tanto responsable es quien responde, quien paga un precio por sus actos. Piensa que el precio siempre lo paga el paciente, ya que éste y no el médico es quien va a sufrir verdaderamente, en su piel, las consecuencias de los actos médicos.
Esta información está sacada de la web El Parto es Nuestro.
En este enlace, podéis leer el original y ver varias guías que os ayudarán a redactar vuestro plan de parto.
1 commentRiesgos de la epidural
El otro día vi un folleto (de El Parto es Nuestro) con los riesgos que conlleva la epidural en los partos. Me pareció muy interesante y quería contároslos. Junto con el riesgo, podéis ver la frecuencia, y abajo, el por qué es un problema.
Hacia el final, pondré una serie de recomendaciones para aliviar todos estos riesgos.
1. Prolongación de la fase de dilatación (común).
La epidural afecta a todos los músculos por debajo del punto de colocación, lo que puede reducir la intensidad de las contracciones.
Esto hace que haya mas necesidad de usar oxitocina sintética (con los riesgos de ésta).
2. Incremento de la mala presentación de la cabeza del bebé (20-26%).
La relajación de la zona pélvica predispone a las malas presentaciones, al igual que no moverse ni cambiar de postura (con la epidural, tampoco puedes deambular).
3. Incrementa el riesgo de recibir estimulación con oxitocina sintética (casi siempre).
Algunos bebés no soportan las contracciones provocadas por la oxitocina, con lo que el latido se vuelve anormal después de administrarla. Además, la oxitocina sintética tiene bastantes efectos secundarios tanto para la madre como para el bebé.
4. Favorece un expulsivo prolongado (especialmente en el primer parto).
Puede ir en contra de la filosofía de quien asiste el parto, que tenga una idea rígida de cuanto ha de durar esta fase (por consiguiente, si se retrasa puede incidir en maniobras para acelerarlo, con posibles desgarros o mayor incidencia de episiotomías).
5. Disminuye la facilidad de empujar de manera efectiva (común).
El anestésico debilita la acción de los músculos hasta perder su eficacia. Los pujos pueden no ser suficientes para ayudar a la rotación y el descenso del bebé.
6. Incremento de la probabilidad de uso de forceps o ventosa (Se multiplica por 5).
Disminuye la eficacia de las contracciones y los músculos están debilitados de manera que no es fácil empujar.
7. Incrementa la probabilidad de sufrir una episiotomía (depende de la filosofía del asistente del parto).
Va mano a mano con los forceps o ventosa.
Es muy probable sufrir un desgarro a lo largo del corte de la episiotomía.
Cura peor que un desgarro natural que no tiene por qué producirse.
Es muy dolorosa en el postparto.
8. Incrementa el riesgo de cesáreas (+50% a 2cm, +33% a 3cm, +26% a 4cm, +0% a cm; en todo caso, depende del ginecólogo y del tipo de centro)
Los partos por cesárea suponen mucho más riesgo que el parto vaginal, tanto para la madre como para el bebé.
La madre se puede sentir decepcionada si esperaba un parto vaginal.
La política de muchos hospitales dificulta la lactancia materna en caso de cesárea.
Ahora vamos a hablar de recomendaciones para paliar estos problemas:
- Rechaza una inducción al parto a menos que los riesgos de continuar con el embarazo superen los riesgos de la inducción.
- Antes del parto, negocia con quien te vaya a asistir cuánto tiempo podrás estar en la fase de expulsivo. Averigua a partir de qué momento considera necesario aplicar forceps, ventosa o cesárea.
- Dale a tu cuerpo la oportunidad de establecer la dilatación por sí mismo y será menos probable que necesites fármacos.
- Date tiempo para dilatar. Aunque suponga que tanto la epidural como la oxitocina estén más tiempo en tu cuerpo, si el bebé y la madre están bien se debería esperar. No aceptes límites de tiempo arbitrarios.
- Habla con tu asistente al parto sobre su opinión sobre la episiotomía. Averigua en qué casos la practica y cuales son sus porcentajes. Preguntale como proteger el perineo durante el expulsivo.
- Espera a los 5cm para pedir la epidural
- Espera a que el bebé haya bajado hasta el plano 1 o 2 para pedir la epidural.
- Pide a quien te asista en el parto que espere 2 horas tras la epidural para que tu cuerpo se acostumbre a la anestesia antes de administrar oxitocina.
- Intenta visualizar tu útero contrayéndose, tu bebé avanzar, etc. Esto puede contribuir a que segregues oxitocina de forma natural.
- No empujes hasta que no veas la cabeza del bebé asomando por el perineo.
- Cambia de posición y usa la fuerza de la gravedad para ayudar a nacer a tu bebé.
- No permanezcas sobre tu espalda.
Edito el post para comentar que proximamente hablaré de los efectos secundarios de la epidural…


